Liderarte Coaching | ¿Desde qué ACTITUD te relacionas?
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¿Desde qué ACTITUD te relacionas?

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¿Desde qué ACTITUD te relacionas?

Posted by beatrizm in Coaching 02 Sep 2014
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LiderarteCoaching nace con la ilusión y la confianza en que transformando nuestro mundo mental-emocional-físico- espiritual y movilizando nuestros recursos internos y actitudes, podemos crear un mundo mejor. Un enfoque al servicio del ser humano en donde mejorando y creciendo a través del empoderamiento y el liderazgo individual, colectivo y social, consigamos un efecto multiplicador y todos ganemos en nuestra calidad de vida.
 

“Todo puede serle arrebatado a un hombre, menos la última de las libertades humanas: el elegir su actitud en una serie dada de circunstancias”. Viktor Frankl.

 

Y es que desde nuestro particular conjunto de creencias, valores, prioridades y aspiraciones nace nuestra manera subjetiva e inconsciente de entender el mundo y el tipo de actitud que tenemos ante la vida. Esto determina nuestras respuestas ante lo que nos acontece, nuestra manera de comunicarnos y relacionarnos (con nosotros mismos, con los demás y con el mundo) y nuestro bienestar o malestar.
 
Hay ciertos indicadores que nos dan la alarma de que conviene echar la vista a nuestro mundo interior, porque comprenderemos que es ahí donde está el origen de la mayor parte de nuestras verdaderas limitaciones. Estos indicadores son sentimientos de insatisfacción, reactividad, conflicto o lucha en donde principalmente obtenemos sufrimiento autogenerado.

 

“Aceptar lo que no puede cambiarse, cambiar lo que puede ser cambiado y aprender a discernir, lo uno de lo otro”. Marco Aurelio.

 

En la vida siempre nos vamos a encontrar con circunstancias que no podemos controlar, que nos parecen injustas y que no comprendemos. En la vida hay situaciones inevitables que no dependen de nosotros. Y también, en la otra cara de la moneda, está lo que sí depende de nosotros: nuestra respuesta ante estas circunstancias y la actitud desde la que respondamos.
 

¿Víctima o Responsable?
 
Actitud de víctima, nos llevará a resignarnos, a no aprender, a no evolucionar y a sufrir. Es la actitud de culpabilizar a los demás, la que vive en conflicto, la que es reactiva, la que se queja y sobre todo, la que más sufrimiento autogenera.
 
Actitud de responsable, sentirnos el principal responsable de nuestras decisiones y de los resultados que obtenemos de nuestra respuesta. Hacer uso de nuestra libertad de decidir cómo queremos vivir las circunstancias que nos tocan. Esta actitud, nos ayuda a superarnos, nos predispone para transitar el proceso de aceptación de“lo que es”, a entender, a aprender y a crecer. Se enfoca en aumentar las posibilidades y en todo aquello en lo que sí podemos influir.
 

¿En qué medida te sientes el principal responsable de los resultados que obtienes?
¿Qué depende de ti?
¿Qué has hecho hasta ahora para mejorar?
 
La cuestión es, ¿estamos dispuestos a asumir este desafío y asumir nuestra actitud de responsable en nuestras vidas?, ¿estamos dispuestos a soltar la comodidad improductiva de la actitud de víctima?
 

De nosotros depende educar e influir en nuestras actitudes y emociones, que son el “desde dónde” y que marcaran la diferencia en nuestra manera de comunicarnos y relacionarnos.
 

¿Qué ayuda a tener una actitud desde la que liderar nuestras vidas?:
 

Atrevernos a cuestionarnos. Esto requiere de humildad y valentía.
 
Humildad para estar dispuestos a replantearnos que podemos estar equivocados en nuestra manera de estar percibiendo “lo que pasa” porque la manera que aprendimos de asociar la información y de darle un significado en nuestro mundo interior (el cual hoy sentimos como una certeza incuestionable) puede ser el principal motivo de nuestros problemas en nuestras relaciones con nosotros mismos, con los demás o con el mundo.
 
Humildad para reconocernos que esos patrones aprendidos y esos automatismos inconscientes que en algún momento nos fueron de utilidad, hoy pueden ser limitantes para poder desplegar nuestro potencial y poder tener las relaciones enriquecedoras que deseamos.
 
Valentía, para romper el hábito de la comodidad improductiva del victimismo y cambiar el foco de la responsabilidad de actuación a uno mismo.
Valentía para estar dispuestos a iniciar un proceso de des-aprender y re-aprender de otra manera que no nos limite y nos potencie.
Valentía para adentrarnos en nosotros, explorar lo enterrado, darnos la oportunidad de estirar nuestros límites y asumir que la calidad de nuestra respuesta sólo depende de nosotros.
Y valentía, para decidir cuál es nuestro compromiso en el presente para cambiar aquello que no funciona.
 
Soluciones. Los líderes viven en el mundo de las soluciones y no de los problemas. Ponen su foco de atención y por tanto su energía, en todo aquello que sí pueden hacer para mejorar y conseguir lo que desean (no en lo que no desean ni en lo que temen).
Podemos entrenar nuestras habilidades para ser buscadores de soluciones, generadores de alternativas y para seguir encontrando soluciones a lo que es importante.
Y dado que cualquier solución es temporal (no hay respuestas correctas permanentes) educar nuestra capacidad de adaptación para seguir cambiando, para seguir aprendiendo y descubriendo lo que funciona ahora.
 
Innovadores y creativos. Nuestro liderazgo personal nos hace innovadores y creativos en el día a día a la hora de hacer frente a una amenaza o superar un reto. Nos mueve a buscar proactivamente nuevas vías y a ser ingeniosos para crear nuevas oportunidades. La reactividad y la pasividad no construyen puentes de soluciones ni nos mueven a futuros ilusionantes.
 
Y es que los líderes viven en el mundo de la colaboración y la flexibilidad y no de la rigidez y la competición. Buscan apoyarse y hacer equipo.
 
¿De dónde sale la fuerza de un líder? ¿Por qué hay personas que ante las mismas circunstancias adversas, se rinden y se sienten incapaces y otras perseveran y consiguen poner las cosas a su favor?
 
Sentido de la vida más allá de uno mismo. Si pensamos en grandes líderes de la historia (no olvidemos que el éxito deja huellas y lo que le ha funcionado a otros a nosotros también nos puede funcionar), vemos que todos tenían un sueño que daba sentido a sus vidas.
De ese sueño, de esos ideales, de ese sentido de la vida más allá de uno mismo, sale la fuerza, la energía y el entusiasmo.
Por ser y hacer algo grande movemos todos nuestros recursos y sacamos lo mejor de nosotros mismos ante los desafíos.
 
Disfrute. El líder pone más en su vida de aquello que es realmente esencial para él sentir, sus valores. Caminar viviendo nuestros valores nos da fuerza para persistir a pesar de las dificultades y nos hace disfrutar de la vida.
 
Cada uno de nosotros tenemos como cualquier líder, unos ideales y unos valores que nos mueven, que nos dan la fuerza para despertar lo dormido y nos hacen sentirnos vivos.
 
Confianza. Y aunque no existan pruebas de que ese futuro que deseamos, sea el que vayamos a tener, caminar con convicción desde esta actitud ante la vida y “como si” ya fuera un hecho, sitúa a nuestro cerebro y a todo nuestro sistema, en otra dimensión que hace mucho más posible que eso sea desde ahora más real.
 
Está demostrado que tener altas expectativas sobre nuestras posibilidades, nos potencia. Confiar en que somos perfectamente capaces de desplegar nuestros talentos y disfrutar durante el viaje hacia aquello que nos mueve, es el premio en sí.
 
Jugamos no con la seguridad de obtener “un premio al final”, sino con la alegría de atrevernos a implicarnos en cada faceta de la vida misma, sin miedo a darnos por completo, sin miedo a mostrar nuestra vulnerabilidad y autenticidad, sabiéndonos los protagonistas de aumentar nuestras posibilidades de ser más felices y hacer felices a los que nos rodean.
 
Cuando nos atrevemos, cuando actuamos, cuando somos creativos, cuando damos soluciones, cuando superamos dificultades, cuando cooperamos con los demás, cuando todos ganamos, es cuando verdaderamente nos sentimos satisfechos como personas.
 

Y tú, ¿desde qué actitud te relacionas?

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